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Mostrando las entradas etiquetadas como Metamorfosis

Orfeo y Eurídice en 'El mismo mar', de Amos Oz

En un remoto pueblo de pescadores al sur de Sri Lanka María le pregunta a Rico ¿Monja? ¿Camarera? ¿Virgen? ¿Qué te gustaría que fuera esta noche? Todo menos tu madre. Ya vale. Pero antes tocaremos la flauta. Aquí no. Vamos a la playa y allí puedes tocar para mí y contarme un cuento. Una a una salen las barcas al mar con un vaivén de lámparas lamiendo las olas con sus remos como lenguas sobre un pecho. María va con la falda hinchada por el viento y él, descalzo, con vaqueros y camiseta, camina no con ella sino un poco detrás de ella: cuando tocaba siempre atraía a los animales, las plantas, los campos, las montañas se inclinaban para escuchar, los ríos se salían de su cauce, las tormentas del norte se congelaban para no estropear ni una nota, los pájaros se callaban, ni siquiera las sirenas cautivaban porque estaban cautivadas. Cuando murió su amada bajó al valle tenebroso tras ella, hechizó a  Perséfone  con su música, de los ojos de las ...

"Orfeo y Eurídice", 'Metamorfosis', Ovidio

   De ahí por el inmenso éter, velado de su atuendo de azafrán, se aleja, y a las orillas de los cícones Himeneo tiende, y no en vano por la voz de Orfeo es invocado. Asistió él, ciertamente, pero ni solemnes palabras, ni alegre rostro, ni feliz aportó su augurio;  5 la antorcha también, que sostenía, hasta ella era estridente de lacrimoso humo, y no halló en sus movimientos fuegos ningunos. El resultado, más grave que su auspicio. Pues por las hierbas, mientras la nueva novia, cortejada por la multitud de las náyades, deambula, muere al recibir en el tobillo el diente de una serpiente.  10 A la cual, a las altísimas auras después que el rodopeio bastante hubo llorado, el vate, para no dejar de intentar también las sombras, a la Estige osó descender por la puerta del Ténaro, y a través de los leves pueblos y de los espectros que cumplieran con el sepulcro, a Perséfone acude y al que los inamenos reinos posee,  15 de las sombras el señor, y pul...

'Faetón', "Metamorfosis", Ovidio

LIBRO II  El real del Sol era, por sus sublimes columnas, alto, claro por su rielante oro y, que a las llamas imita, por su piropo, cuyo marfil nítido las cúspides supremas cubría; de plata sus bivalvas puertas radiaban de su luz. A la materia superaba su obra; pues Múlciber allí  5 las superficies había cincelado, que ciñen sus intermedias tierras, y de esas tierras el orbe, y el cielo, que domina el orbe. Azules tiene la onda sus dioses: a Tritón el canoro, a Proteo el ambiguo, y de las ballenas apretando, a Egeón, las inabarcables espaldas con sus brazos,  10 a Doris y a sus nacidas, de las cuales, parte nadar parece, parte, en una mole sentada, sus verdes cabellos secar; de un pez remolcarse algunas; su faz no es de todas una misma, no distante, aun así, cual decoroso es entre hermanas. La tierra hombres y ciudades lleva, y espesuras y fieras  15 y corrientes y ninfas y los restantes númenes del campo. De ello encima, impuesta fue del fulgente ...